
El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, acusó este jueves 22 de octubre a Rusia de responder con ataques de misiles balísticos a los esfuerzos diplomáticos para poner fin a la guerra y exigió a la comunidad internacional ejercer una mayor presión sobre el Gobierno de Vladimir Putin.
Las declaraciones se producen después de nuevas ofensivas rusas contra Kiev y otras zonas de Ucrania, que, según los antecedentes preliminares entregados por las autoridades ucranianas, dejaron al menos dos personas fallecidas y más de una veintena de heridos, además de daños en infraestructura energética, instalaciones médicas, establecimientos comerciales y edificios residenciales.
Zelenski denunció que las fuerzas rusas lanzaron tres nuevas oleadas de misiles prácticamente después de otra ronda de conversaciones destinadas a explorar una salida negociada al conflicto.
«No ha habido un cambio real en su actitud hacia todo lo que está sucediendo. Es importante seguir intentando encontrar las soluciones correctas para poner fin a esta guerra. Pero cuando Rusia responde a las negociaciones con misiles balísticos, se necesita una presión real sobre Rusia», sostuvo el mandatario.
El presidente ucraniano insistió en que los esfuerzos diplomáticos deben estar acompañados de medidas concretas que eleven los costos militares y económicos de continuar la invasión.
Kiev exige más defensas antiaéreas y sanciones
Una de las principales demandas de Zelenski apunta a acelerar el suministro de armamento occidental, especialmente sistemas capaces de interceptar misiles balísticos y proteger las principales ciudades ucranianas.
El mandatario también reclamó fortalecer las capacidades militares para destruir los lanzadores utilizados por Rusia, con el objetivo de reducir la frecuencia y el impacto de los bombardeos.
La petición adquiere especial relevancia ante los reiterados ataques contra la red eléctrica ucraniana, que constituye uno de los objetivos estratégicos de Moscú desde los primeros meses de la invasión a gran escala iniciada el 24 de febrero de 2022.
Los bombardeos sobre centrales de generación, subestaciones y redes de distribución han provocado interrupciones del suministro eléctrico y obligado a Ucrania a destinar importantes recursos a reparaciones de emergencia.
Zelenski sostuvo que la asistencia militar debe complementarse con la continuidad de las sanciones económicas internacionales, especialmente aquellas dirigidas a limitar los ingresos rusos provenientes de las exportaciones energéticas y su acceso a tecnologías utilizadas por la industria militar.
«El agresor merece ser tratado en consecuencia. Ucrania merece apoyo. La vida de las personas merece protección», afirmó.
Ataques contra infraestructura civil
El ministro de Asuntos Exteriores ucraniano, Andri Sibiga, también condenó los últimos bombardeos y aseguró que decenas de misiles balísticos fueron dirigidos contra instalaciones esenciales para la población.
Según el canciller, los impactos afectaron infraestructura energética, centros médicos, establecimientos comerciales y sectores residenciales de la capital.
Sibiga cuestionó además las posiciones diplomáticas que, a juicio de Kiev, buscan acercamientos con Moscú sin exigir previamente una reducción de las operaciones militares.
«La política de apaciguamiento, el servilismo y la adulación no detendrán esta guerra. Solo la fuerza lo hará», manifestó.
Sus declaraciones se producen en medio de las controversias por los contactos entre representantes estadounidenses y el Kremlin, particularmente por el tono de los acercamientos del enviado especial de Washington, Steve Witkoff, con Vladimir Putin.
Para las autoridades ucranianas, cualquier proceso negociador debe contemplar garantías de seguridad verificables y mecanismos que impidan a Rusia utilizar una eventual tregua para reorganizar sus fuerzas.
Una guerra que se prolonga por más de cuatro años
La invasión rusa de Ucrania, iniciada en febrero de 2022, ha provocado una de las mayores crisis militares y humanitarias de Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
El conflicto ha dejado cientos de miles de bajas militares entre ambos bandos, además de miles de civiles fallecidos, millones de desplazados y una destrucción considerable de infraestructura.
La cifra total de víctimas continúa siendo difícil de establecer debido a las restricciones para verificar las pérdidas militares y a la imposibilidad de acceder a numerosos territorios ocupados.
En el plano económico, la evaluación conjunta publicada en febrero de 2025 por instituciones internacionales y el Gobierno ucraniano estimó en US$524.000 millones las necesidades de reconstrucción y recuperación del país durante la siguiente década. Esa cifra constituye una referencia histórica y no una estimación actualizada a octubre de 2026.
Los daños sobre viviendas, carreteras, instalaciones industriales y redes energéticas representan una parte significativa de esas necesidades.
La prolongación de la guerra también ha incrementado la dependencia de Ucrania de la asistencia financiera y militar de sus aliados, especialmente para sostener sus operaciones defensivas y mantener funcionando los servicios públicos.
La diplomacia enfrenta el desafío de los bombardeos
Desde el comienzo de la invasión, las iniciativas diplomáticas para alcanzar un alto el fuego han enfrentado obstáculos relacionados con el control territorial, las garantías de seguridad y las condiciones políticas exigidas por ambas partes.
Rusia mantiene su ocupación de Crimea, anexada unilateralmente en 2014, y de otras zonas del territorio ucraniano. Kiev, por su parte, sostiene que cualquier solución duradera debe respetar su soberanía e independencia.
Las conversaciones impulsadas por distintos actores internacionales tampoco han conseguido establecer un acuerdo general que permita detener las hostilidades.
La posición del Gobierno ucraniano es que un eventual proceso de paz no puede limitarse a suspender temporalmente los combates sin abordar las condiciones que podrían facilitar una nueva ofensiva.
En ese contexto, Zelenski considera que las sanciones económicas, la asistencia militar y la presión diplomática deben actuar de manera coordinada para modificar los cálculos estratégicos del Kremlin.
Los ataques denunciados este jueves vuelven a evidenciar la distancia entre las gestiones para alcanzar una solución negociada y la realidad de una guerra que continúa golpeando a la población civil.
Para Kiev, el principal desafío internacional ya no consiste únicamente en mantener abiertas las negociaciones, sino en conseguir que Moscú tenga incentivos reales para detener los bombardeos y avanzar hacia un acuerdo de paz verificable.


