Consejos para detectar lavanderos

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Por: Pablo McKinney

El pasado sábado, lamentaba uno que nuestros escándalos de narcotráfico, lavado o corrupción solo llegan a serlo realmente, cuando los expedientes que los definen como tales son enviados a la Justicia local por el imperialismo gringo (en fase amistosa) o por interpósito país/persona.

Si en el caso Quirino, es un ejemplo, la DEA no decide hacer lo que hizo y el presidente de entonces, Fernández, no autoriza lo que autorizó, el entonces capitán del EN hubiera sido el senador de Elías Piña, por el PRD, en 2006. Lo mismo que hubiese ocurrido en Hato Mayor en 2020 si el “áspero norte” no hubiera ordenado la operación antilavado contra la banda del señor Peralta. Y es que, como ven, el PRM, (90% del PRD) -que podría ser gobierno en 11 meses-, compite con el PLD en eso de las malas compañías, que nada tienen que ver con “las malas compañías” del Serrat. El apoyo que de los descreídos votantes de hoy (sin Dios ni Marx) ofrecen a esas malas compañías, retrata la calidad de nuestra democracia, de nuestro mercado electoral y, como de ganar elecciones se trata, la ética siempre puede esperar.

Es ante este drama que me permito presentar a la partidocracia estos consejos para detectar posibles candidatos lavanderos.

  1. Investiguen a enllaves de tragos, en especial a los cuñados que son los peores.
  2. Sigan la pista de sus novias teñidas de rubio, con caderas interminables y tetas operadas. Hay cosas que siempre han halado más que una Toyota Hi-Lux.
  3. Fíjense en el calzado de las damas acompañantes, pues en ese mundo, las mujeres mientras mejor calzadas van, “en peores pasos andan”, según Jardiel.
  4. Estén atentos a los dealers de autos de extra-lujo, pues los señores odian la Toyota Highlander, casi perfecta, o la Mazda CX-5 de mis afectos.
  5. Supervisen el consumo de Diamond Jubilee o Belle Epoque Pierre Jouet, pues los señores nada quieren saber ya del Cuba Libre y menos del vino de la casa.

Finalmente, como ustedes conocen bien quiénes son aquí los empresarios dedicados a la política, se sugiere desconfiar de lo contrario: del político que, llegado al gobierno más pobre que un cura franciscano, sale convertido en próspero hombre negocios.

 

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