El coro de los recursos

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Por: Orlando Gil

Si Carlos Amarante Baret y Reinaldo Pared Pérez hubieran sabido antes que contaban con tanto aprecio entre los seguidores de Leonel Fernández, no se retiran de la contienda de las encuestas.

Ese reconocimiento de héroes nacionales hubiera mejorado sus puntuaciones en las mediciones de principio de semana, pues como se tratará de una consulta ciega, podrán preguntar a cualquiera.

Incluyendo leonelistas.

Aunque la política es malvada, y no es tanto el retiro lo que importa, sino las razones que dieron Amarante y Pared para tomar la decisión: las influencias ilícitas del Estado a favor de otro competidor. Se supone que Gonzalo Castillo.

La situación es interesante, pues se conoce la mata, el coco y el agua, pero no cómo el agua llega a la mata y lo contiene el coco.

¿Cómo los fondos públicos pueden incidir en unas encuestas aprobadas de común acuerdo y por firmas que fueron seleccionadas y contratadas de conjunto?

Algún día se aclarará el misterio, pero por el momento debe considerársele un acumulo. Un ocioso de esquina preguntaba a los paseantes cómo se lograba el milagro y ninguno pudo responder. Un concurso sin ganadores.

Como ya los acuerdos en política ya no se respetan, y se burló el tristemente célebre pacto de quince puntos del Comité Político, que dos precandidatos rompan la taza, no resulta extraño.

Lo que sí conviene advertir desde ahora, pues seguro que será la primera y tal vez única arma arrojadiza que utilizará Fernández, cuando se determine por encuesta el precandidato de Medina.

El uso excesivo de recursos del Estado.

Amarante y Pared, sin darse cuenta (o quizás conscientes), se convirtieron en la mejor cuña, al ser del mismo palo.

Fernández podrá comer con su dama, incluso descargarse de culpa. “Lo dijeron ellos, no yo”.

Así que ya sabe por dónde vendrán los tiros, y no solo con Gonzalo, sino con cualquiera que sea finalmente el portaestandarte del oficialismo.

Los sectores del PLD en el poder se parecen y uniforman las circunstancias. Ninguna mejor arma de destrucción masiva que el Estado.

 

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