Gonzalo no vale una misa

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Por: Orlando Gil

Danilo Medina tuvo el factor tiempo a su favor, pero falló la circunstancia o faltó determinación. Ahora sus patrocinados pagan las consecuencias.

Los mandó a predicar, pero sin la bendición del “espíritu santos” y no pudieron ejercer la pastoral ni extender la iglesia.

El tiempo que a Medina le sobró, sus ahijados lo necesitan, y la situación se da en momentos en que los plazos se cumplen.

Si la distracción de un año atrás se hubiera asumido como táctica de verdad, y no como parte de una estrategia, el panorama fuera distinto.

Lo que sucede ahora es propio entre seres humanos que buscan el poder, pues los sentimientos, las emociones no liberan, atrapan.

Carlos Amarante se hubiera retirado doce o trece meses atrás y el hecho hubiera sido un viento fresco de playa. Lo mismo la exclusión de Reinaldo Pared del acuerdo de las encuestas.

El propio Gonzalo Castillo no hubiera provocado disgusto si hubiera arrancado junto a los demás corredores. Un solo disparo y la misma pista.

Pero traerlo como Jon Nieve, cuando la familia estaba establecida, además de inesperado, cambia el Juego de Tronos.

Pared deberá explicar mejor su posición, si no fue que ya lo hizo, pues un tuit no es suficiente. Romper el compromiso de la medición de grupo e ir por su cuenta a la consulta del 6 de octubre, provoca conjeturas.

La primera y más perversa sería dividir el voto danilista, pues una mayoría por muy mayoría que fuera, si se fragmenta, deja de ser mayoría.

Las expectativas de Leonel Fernández se dispararían.

¿Por qué Pared querría eso? La única razón sería que vaya a amarrar su caballo en Funglode. Sería una especie de pasito tun tun, pero en política se hace lo que conviene.

Ese devenir, sin embargo, además de no ser inocente, afecta el liderato de Medina. Un núcleo que se pensaba cohesionado, empieza a mostrar fragilidad.

Con Castillo podrían existir compromisos que no se conocen, o corresponder su lealtad, pero sea lo que fuere, nunca tanto para sacrificar un liderazgo.

Gonzalo no vale una misa.

 

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