La humildad y la caridad…

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Por: Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez

  1. a) Del libro del Eclesiástico: 3, 19-21. 30-31.

Esta primera lectura trata sobre la humildad, etimológicamente humilde viene del latín “humilis”, que deriva a su vez de “humus” (tierra). O sea, humilde es el que no se ensalza desmedidamente, sino que se mueve cerca de la tierra. Solamente el humilde llega a tener idea de la distancia que existe entre la pequeñez humana y la grandeza de Dios. Los versos 19-21 tratan de la humildad en medio de las riquezas. El hombre lleno de orgullo se encierra en su autosuficiencia La actitud humilde del que no se valora por encima de nadie, sino que sabe colocarse en el nivel que le corresponde, es más importante en las relaciones sociales que la magnificencia y la generosidad.

  1. b) De la Carta a los Hebreos 12, 18-19.22-24.

En este fragmento, el autor de la carta, contrapone las dos Alianzas: la del Sinaí y la de Cristo; y nos explica el porqué de la exigencia de esa santidad y esmerada vigilancia en la vida del cristiano: la excelencia de la nueva alianza, a la que pertenecemos (. 18-29). Mientras que la Ley mosaica fue dada por Dios con un despliegue pavoroso de fuerzas, como para significar que era Ley de temor (v. 18-21), para la promulgación de la Ley cristiana, en cambio, que es ley de amor, todo ha sido luz, armonía y perdón (v.22-24). Se describe en estos versículos la condición de los cristianos, acercándose al monte de Sión y entrando en la nueva gloria religiosa, como paralela a la de los israelitas, acercándose al Sinaí. La Jerusalén celestial, lugar del nuevo culto, terrestre y celeste a la vez.  Lavados por la sangre de Cristo que “habla mejor que la de Abel” (v.24) ya que, mientras la sangre de Abel pedía venganza contra Caín, la de Cristo, en cambio, pide perdón para todos los creyentes.

  1. c) Del Evangelio de San Lucas 14, 1.7-14.

Según algunos autores, las secciones del evangelio de este domingo: Parábola de los primeros puestos en la mesa (vv.7-12) y sugerencia al fariseo que lo invitó, parecen ser un comentario de sobremesa, después de observar cómo los invitados se disputaban los primeros puestos en el banquete. Ante esta actitud, Jesús propone elegir los últimos puestos, como una actitud religiosa que tiene que ver con el puesto en el banquete del Reino.

La segunda parte del evangelio, es una instrucción de Jesús al fariseo que le convidó a comer, al indicarle que la elección de los comensales ha de evitar el cálculo interesado, porque la ley del Reino, que es don gratuito de Dios al hombre, es el amor que no espera nada a cambio. La gratuidad de Dios y de su Reino es lo que fundamenta nuestra opción, la propia del discípulo, que se expresa en relaciones de sencillez en el trato con los hermanos y en el compartir sin cálculo ni egoísmo lo que se tiene.

La convivencia humana no se puede construir sobre intereses individuales o de grupos, sino sobre relaciones personales entre iguales. Practicar la humildad y la generosidad al estilo de Jesús, especialmente con los más necesitados, es testimoniar la gratuidad del Reino. En la “escala” que Jesús establece en la comunidad cristiana, el primer puesto es el último, el del que sirve. La humildad y la sencillez constituyen una opción básica del discípulo que vive en fraternidad el espíritu del Reino.

Fuente: Luis Alonso Schˆkel: La Biblia de Nuestro Pueblo.

  1. Caballero: En las Fuentes de la Palabra.

 

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