La tormenta Abusador, más fuerte que la Dorián, se convierte en huracán y eso si que da pavor

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Por: Juan de los Palotes

Al pobre Procurador lo tiene casi al ahogarse y al que pensaba quedarse, pero el plan no se le dió, también lo desguabinó aún pretenda no enterarse.

Los vientos huracanados de este problema atmosférico tienen al ungido histérico, a más de desesperado.

La relación del Estado con César, el traficante, quien se paseaba campante en todos los estamentos, se torna en este momento en un problema frustrante.

Aunque dicen que fue el COE quien avistó la tormenta, fue la misma presidencia que evitó que ésta se incoe.

El gobierno se corroe en las más altas instancias.

La soberbia, la arrogancia, la codicia, el arribismo, han hecho del Danilismo un antro de repugnancia.

La tormenta que ha formado esta visita sorpresa, ha mojado a Berlinesa, a su hermana y su cuñado.

Hasta Franklin ha sonado con estos vientos alisios, porque aquí, el que no está en vicio está metido en la venta, ¿pues como pagan las rentas estos príncipes fenicios?

Se dice que aquellos vientos son los que traen estos lodos, y como ya Cuasimodo no vá en su tercer intento, se espera en cualquier momento que caiga el abusador, como cayó Marisol, la mujer del más buscado, aunque aquí, el más esperado, en el otro malhechor.

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