Las fotos y los reales daños

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Por: Orlando Gil

La política estaba en las encuestas preliminares de las primarias del PLD cuando en el planeta Marte estalla el escándalo de César el Abusador.

Era la cosa que más lejos tenía la gente, pues de Marte se sabe poco y la NASA generalmente no lo dice todo. Como la Procuraduría General de la República.

El operativo al estilo Miami Vice sin embargo reveló la magnitud del asunto y por la izquierda empezó a saberse más que por la derecha.

Los americanos entraron en escena, pues no se trataba de una puesta de drogas como en Villa Vásquez ni del enésimo desmantelamiento de bandas en Baní.

Con los americanos de por medio, la política no se puede quedar fuera y participa de lo que toca, y siempre a mal. Reinaldo Pared — por ejemplo — fue víctima de un montaje, y si eso no se averigua y a alguien le cobran el plato roto, los trucos de fotos harán ola.

Hasta ahora fotos de artistas populares y de peloteros y rumores que dan grima, pero no se duda de que aparezcan fotos reales y ocasionen daño.

El emporio económico o de lavado era demasiado grande para mantenerse lejos de la política, mucho más viéndose las influencias, la impunidad, el poder.

Las sospechas no hay que llamarlas, ellas vienen solas.

Cuando David Figueroa Agosto se dijo, se aventuraron perfidias, pero ninguna se impuso con pruebas, y en juicio solo pagaron los muchachos que vendían relojes.

¿Sucederá igual ahora? Los partidos requieren de sus potenciales candidatos un certificado de dopaje y hasta un papel de buena conducta, y con esos documentos creen salvada la cara.

Sin embargo, hay traficantes que no consumen ni nunca han caído presos.

Pasan el examen con cien e ipso facto acreditados.

El problema es el dinero que se infiltra en la política, apoya candidaturas y logra un cometido de poder. Lo cual no puede saberse por dopaje ni certificado.

¿Pueden los partidos atender o asumir murmuraciones y decidir por habladurías de la gente? En este tiempo conviene y haría bien.

 

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