Mírame a los ojos

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Por: Luis Rosario

¿Me estás mirando? Al levantarme una mañana me acerqué al espejo, como todos hacemos cada día. Empecé a ordenar cuidadosamente  las greñas alborotadas que han resistido al tiempo de mi historia y que rebeldemente se oponen a caer.

Luego froté hacia los lados las cejas, del centro a los extremos; una y otra vez. Estiré con paciencia las telas de mi cara que protestan a diario cuando arranco las raíces de mi barba. Y miré mi rostro, de arriba hasta donde la quijada pierde su nombre.

Pero bueno, ¿Y qué artículo es éste? Ten paciencia conmigo; es que se me ocurrió escribir de estas tonterías y voy a seguir adelante. Si quieres, hasta aquí llegamos, nos decimos “chao” yÖ amigos como siempre. Voy a seguir con esta filosofía barata, pero tan digna de respeto como el experimento del algoritmo del gato del austríaco Erwin Schrˆdinger. ¡Diama, me fui lejos! Es que me acordé de las elecciones primarias.

Volviendo al tema. Después de hacerme un examen maxilofacial frente al paciente espejo y de haberme dado un responsable cepillado de dientes, que nunca falta en el protocolo de atención primaria al iniciar el día, oí una especie de reproche que me hizo perder mi concentración narcisista.

Resonó imperativa una voz que me decía: “¡Mírame a los ojos!”.

Era el espejo que me recordaba extasiarme en el mundo maravilloso que se esconde en los ojos. Me miré fijamente a los ojos y descubrí el universo en tercera dimensión que hasta el momento había ignorado.

Allí vi mucha luz y entré hasta los tuétanos de mi interioridad a través de ese lente natural que llevo conmigo donde quiera que voy.

Casi no podía despegarme del espejo, donde, ojos con ojos, estaba disfrutando una película jamás imaginada y cuya premier se me ofrecía gratuitamente. Finalmente di un salto hacia atrás y logré desenchufar el éxtasis que me ofrecían los ojos iluminados por el alba que ya dejaba entrar por mi habitación los primeros rayos del sol.

Una voz continúa repicando cual campana en mi interior: “¡Mírame a los ojos!”.

He hecho el propósito de mirarme a los ojos, a mí y a cada persona que encuentro en el camino.

 

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