Peor que el coronavirus

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Por: Hanoi Vargas

El coronavirus ha llegado a nuestro país en momentos donde nuestro sistema sociopolítico  tiene “bajas las defensas”: reciente división interna en el partido de gobierno, fragmentando su recurso humano y dificultando la gobernanza; elecciones pendientes con sospecha de continuismo y contrapesos desde la oposición, llevando a decisiones más políticas que científicas;  rivalidad  interinstitucional, aunque históricas, generando multiplicidad de pareceres y duplicación innecesaria de esfuerzos en circunstancias delicadas; irrespeto civil hacia las autoridades; y desconfianza en el liderazgo, donde aún las buenas decisiones suscitan el conocido “tanto amor me confunde”.

Junto a todas aquellas, destaco la más “viral”, la actitud avara de algunos en el gobierno que traen consigo asesorías que permitirán informaciones privilegiadas, resultando el lucro en momentos donde hay tantos ciudadanos desprovistos hasta de lo más mínimo; porque si tan caro nos sale el enfermo, por qué no regalar mascarillas; en qué ayuda dificultar las “pruebas rápidas”; o qué sentido tiene prohibirle a la gente acceder a ellas por su cuenta…

La mortalidad biológica del presente virus, en nada se compara a la letalidad social que pudiera resultar para nuestro país no pensar fuera del yo, dándole razón a Jesús cuando afirma que contamina no lo que entra, sino lo que sale.

Nos hemos autocontagiado a nosotros mismos del “patógeno” más letal, el egocentrismo; reduciendo poco a poco la respiración social; creyendo poder vivir sin necesidad del otro; semejante forma, no nos permitirá ser objetivos ante la crisis que vivimos; no mientras seamos “HUESPED” de este “virus”.

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