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Convención en el PRM o que entre el mar

Por Jochy Tejeda

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Por Jochy Tejeda

El (PRM) se encuentra en un momento decisivo. Lo que está en juego no es solo la renovación de sus estructuras internas, sino su credibilidad como organización democrática frente a su militancia y al país. Hoy más que nunca, la disyuntiva es clara: convención real o que “entre el mar”.

Las llamadas “mesas de consenso” han sido vendidas como un mecanismo para evitar conflictos internos, pero en la práctica se han convertido en instrumentos de reparto, donde unos pocos deciden por muchos. Se está sustituyendo la voluntad de las bases por acuerdos de cúpulas, dejando fuera a dirigentes que han trabajado, luchado y construido el partido desde sus inicios.

El PRM nació como una esperanza de cambio, como una respuesta a las viejas prácticas políticas que tanto daño le hicieron a la democracia dominicana. Sin embargo, cuando se pretende imponer candidatos o estructuras sin el debido proceso democrático, se corre el riesgo de repetir los mismos errores del pasado que el propio partido prometió erradicar.

Una convención abierta, transparente y participativa no debe ser vista como una amenaza, sino como una oportunidad. Es el escenario natural donde se fortalece la democracia interna, se legitiman los liderazgos y se renueva la confianza de la militancia. Negarle ese derecho a las bases es, en esencia, debilitar al partido desde adentro.

El argumento de evitar conflictos no puede justificar la exclusión. Los partidos políticos son, por naturaleza, espacios de debate, competencia y confrontación de ideas. Pretender eliminar eso es desnaturalizar la política misma. La verdadera unidad no se impone, se construye sobre la base de la participación y el respeto a las reglas del juego.

Si el PRM insiste en cerrar los espacios y mantener un esquema de decisiones verticales, el costo será alto. No solo se generará descontento interno, sino que también se enviará un mensaje negativo a la ciudadanía, que espera coherencia entre el discurso y la práctica.

La dirigencia tiene la palabra. O se abre el proceso y se permite que las bases decidan mediante una convención democrática, o se continúa por el camino del “consenso impuesto”, donde al final lo que entra no es la unidad, sino el desencanto… y cuando entra el mar, no hay quien lo detenga.

El PRM aún está a tiempo de corregir. La historia juzgará si eligieron la democracia interna o el control absoluto.

Porque al final, la pregunta sigue siendo la misma: ¿convención o que entre el mar?

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