
El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) debe entender una realidad elemental, pero decisiva para su futuro político: su recuperación, crecimiento y fortalecimiento dependen exclusivamente de sí mismo. En política no existen regalos gratuitos. Mucho menos cuando está en juego el poder.
Por eso, resultaría ingenuo pensar que la Fuerza del Pueblo o el Partido Revolucionario Moderno (PRM) actuarán de alguna manera para favorecer el reposicionamiento electoral del PLD. Son organizaciones distintas, con intereses propios, proyectos de poder particulares y estructuras que compiten por conquistar o conservar espacios dentro del electorado dominicano. Entonces, ¿quién tiene que levantar al PLD? El propio PLD.
Sus dirigentes, militantes, estructuras provinciales, municipales, intermedias y de base son quienes tienen que asumir esa responsabilidad. El partido morado no puede colocar su destino en manos de adversarios políticos ni esperar circunstancias externas que le despejen el camino. Tiene que reconstruirse desde adentro, reconectar con la sociedad, escuchar a sus bases, renovar métodos, corregir errores y defender con inteligencia cada espacio político que todavía conserva.
Porque mientras el PLD pierde tiempo en contradicciones internas, enfrentamientos personales o luchas de grupos, sus adversarios avanzan sobre el terreno que deja abandonado. La Fuerza del Pueblo tiene sus propios objetivos políticos. El PRM también. Ninguna de esas organizaciones está obligada a trabajar para que el PLD vuelva a fortalecerse.
Esperar lo contrario sería desconocer la naturaleza misma de la competencia política. El PLD tiene historia, estructura, dirigentes experimentados y una militancia que todavía constituye un activo político importante. Pero ningún legado histórico garantiza por sí solo el futuro de una organización.
Los partidos también pueden debilitarse hasta desaparecer cuando dejan de interpretar correctamente el momento histórico que les corresponde vivir. Por eso, el desafío del PLD no debería ser mirar obsesivamente qué hacen sus adversarios, sino preguntarse qué está haciendo él mismo para recuperar la confianza de quienes se alejaron, conquistar nuevos electores y volver a convertirse en una alternativa competitiva.
Debe salir a las calles. Debe regresar a los barrios. Debe escuchar a sus dirigentes medios. Debe respetar a sus bases. Debe abrir oportunidades a nuevas generaciones. Y, sobre todo, debe entender que las luchas internas que destruyen organizaciones desde adentro pueden resultar más peligrosas que cualquier ataque proveniente de afuera. El peor enemigo de un partido político puede terminar siendo el propio partido cuando pierde la capacidad de preservar su unidad, reconocer sus errores y comprender la realidad.
El PLD tiene ante sí una decisión histórica: fortalecer su organización desde sus propias entrañas o continuar esperando acontecimientos externos que probablemente nunca llegarán. Que nadie se llame a engaño. La Fuerza del Pueblo no tiene razones políticas para fortalecer al PLD. El PRM tampoco. Cada organización defenderá sus propios intereses y procurará ampliar su espacio electoral.
Por eso, si el PLD quiere volver a crecer, deberá hacerlo con su propia militancia, estrategia, organización, renovación y conexión con la sociedad. En política, quien entrega su destino a sus adversarios ya comenzó a perderlo. El PLD no necesita salvavidas políticos; necesita fuerza propia, unidad interna, organización y determinación para reconstruir su espacio en la sociedad dominicana.


