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EDITORIAL | Doble moral en el poder: cuando la injerencia conviene… y cuando molesta

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En la política dominicana hay algo más peligroso que la corrupción, más corrosivo que la impunidad y más dañino que la incompetencia: la hipocresía. Y hoy, esa hipocresía se exhibe sin pudor desde las más altas esferas del poder.

En el año 2019, cuando el entonces secretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, llamó al presidente Danilo Medina para frenar cualquier intento de perpetuarse en el poder, los hoy gobernantes no solo guardaron silencio… aplaudieron. Celebraron esa llamada como un acto de “defensa de la democracia”, la validaron como necesaria y hasta patriótica.

Fueron más allá: se sumaron con entusiasmo a las protestas en la emblemática Plaza de la Bandera, levantando consignas, encendiendo velas y vendiéndose como guardianes de la institucionalidad. En ese momento, la intervención extranjera no era “injerencia”… era “salvación”. Pero hoy, desde el cómodo asiento del poder, la historia cambia.

Basta con que la actual embajadora de los Estados Unidos en el país, Leah Francis Campos, emita un llamado cualquiera que sea para que los mismos actores que ayer aplaudían, hoy griten indignados, rasgándose las vestiduras en nombre de la soberanía nacional.

En qué quedamos: ¿La injerencia es mala… o solo lo es cuando no les conviene?
¿La soberanía se defiende siempre… o únicamente cuando afecta sus intereses?
¿La dignidad nacional es un principio… o un discurso reciclable según la coyuntura?

Lo que estamos viendo no es un cambio de postura legítimo. Es una grotesca demostración de doble moral. Es el retrato de una clase política que no tiene principios, sino conveniencias; que no tiene coherencia, sino oportunismo.

Los mismos que ayer pedían ayuda desde fuera para frenar lo que consideraban un abuso de poder, hoy pretenden blindarse de cualquier observación externa, como si gobernar les otorgara inmunidad moral y política. Pero el país no es tonto. El pueblo recuerda. Y la historia no se borra con discursos acomodaticios ni con narrativas convenientes.

Gobernar no es solo administrar recursos… es sostener principios. Y cuando esos principios cambian dependiendo de si se está en oposición o en el poder, lo que queda al descubierto no es una evolución política… es una degradación ética. Porque al final, la verdadera pregunta no es sobre Mike Pompeo ni sobre Leah Francis Campos.

La verdadera pregunta es: ¿Quiénes son realmente estos que hoy gobiernan?
¿Los que defendían la democracia… o los que hoy la manipulan según les convenga?

En la República Dominicana, decir la verdad sigue siendo incómodo. Pero más incómodo será, para muchos, sostener esta doble moral cuando el pueblo termine de pasar factura. Porque la coherencia no se negocia… y la memoria tampoco.

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